En mi brazo derecho reposa la marca en herradura de un encendedor, me lo hizo la chica que me enamoró en el secundario.
Abrazó mi brazo y sostuvo el metal expuesto a un largo fuego sobre mi piel y se sorprendió de que no reaccione. Todas las heridas y los golpes me dieron un momento crucial, donde el dolor no pesaba y mi familiaridad con él me dió unos momentos más de abrazo con Lucía.
Solo unos veinte años mas tarde me daría cuenta de que el protagonismo del dolor quedaría en segundo lugar a la sorpresa del enamoramiento.
Amo llevarlo en la piel.